domingo, 27 de marzo de 2011

.Si, señor.

La mire, sus ojos azules deslumbraban
la tarde era fría aun así estaba callada
me acostumbré a mirarla
como quien mira una rosa afilada.
Sentí su piel infinitamente cálida
un rayo de sol cubierto por escarcha
tan tenue, tan maravillosa, tan atolondrada
que me hubiese perdido, con una sola mirada.
Frías, pasan las horas sin mi almohada
y es que cuando te vas mi alma se marcha
mi corazón se calla y mis ojos se encharcan
sin ti, mi preciosa amada...
ya no hay días, ni horas, solo dulces palabras
ya no cuento tus llegadas, sólo cuando te marchas
me inundas el corazón, de lindas esperanzas...
Sonríe, mi niña amada...
pronto estaremos juntas sin pensar en las llamadas.

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